Engel

Ojos azules y cabello castaño, piel bronceada, pecas dispersas y sonrisa de Ángel. Así lo veía a diario porque cuando lo observaba no hacía más que soñar despierta. Moría cada vez que al encontrarnos me abrazaba y quedaba envuelta en él, no había más salida que escuchar el latir de su corazón. Siempre sentía su olor natural a sal y arena porque no era hombre de perfumarse por sus alergias, era como un bebé gigante. No soy pequeña pero él sin pereza es más alto que yo, por eso encajo perfectamente en su pecho. Siempre está tibio aunque tenga frío. Me conmueve lo sencillo de su belleza. Es inteligente y su reconocimiento periodístico no es en vano; si hay alguien que quiera usar su poder para la justicia ese es él, ningún Clark Kent.

Dejando de lado su desaliñada belleza costeña, agilidad y esplendor, es la persona más hermosa que he podido conocer y por eso merece algo mejor. No intento alejarlo pero tampoco suplico para mantenerlo, sé bien que lo entiende y no apresurará las cosas.
Me gusta cuando toma mis manos y luego las besa porque aunque el amor cortés quedó en el Medievo (por eso no creo en príncipes y si lo hiciera yo sería una bruja) sus detalles saben hablar por él en tantos niveles. No creo merecer tanta atención, no creo poder con tanto amor. Él conoce sobre muchas cosas pero el sufrimiento no es su fuerte, no es cercano a la muerte y su suerte es acertada para un corazón valiente.

Me ha cuidado aún cuando no lo he merecido; me pudo haber hundido más en mis tragedias o lo pude haber hundido junto a mi ser pero él es piedra firme y no es fácil de roer. A veces me pregunto qué sería de mí sin él, es lo único que me queda y no hago más que dañarlo. Cuando estábamos juntos fingía no estar preocupado pero siempre estaba chequeándome. Gracias a él fui a rehabilitación donde me acompañó en cada instante, luego fue a visitarme en cada oportunidad que tenía y que se pudo inventar también.

Recuerdo aquellos pasillos grises que contrastaban con los lindos jardines. Siempre estaba desarreglada con mi bata manchada de sangre producida por una hemorragia nasal que no pude controlar y parecía sangre traída del infierno porque nunca la pudieron sacar. Estaba en el infierno, pudo haber tenido sentido. A él no le importaban esos detalles, siempre me sacaba a los jardines y escuchaba mis tonterías porque no era lo suficientemente inteligente para responderle si era mejor Sartre o Camus (prefiero al segundo) porque no quería ver su cara de decepción cuando no entendiera la diferencia entre el existencialismo o el absurdismo (si es que la hay). Siempre comentaba que mis ojos cambiaban con mi estado de ánimo y que cuando estaba serena eran como si el césped se reflejara en ellos y me recordaba que para él no había color más hermoso que ese. Una gran mentira porque él no ha visto al mismísimo cielo reflejado en los suyos.

Cuando salí de aquel extraño lugar me dijo que de nada me tenía que preocupar porque le había dicho a todos que me fui de viaje por una emergencia familiar. Otra gran mentira que ni siquiera él se podía creer; no hay familia por la cual alarmarse, todos se fueron.

Mi familia era pequeña, éramos mi madre, mi padre y yo. No tuve hermanos porque según ellos fui un milagro, no podían concebir hasta mi llegada y nunca pudieron volver a hacerlo con éxito. Traté de enorgullecerlos lo suficiente pero nunca pude, algo en mí no estaba bien y todos lo sabíamos pero nadie lo reconocía. Siempre fueron buenos y nada de lo que ocurrió fue su culpa pero mientras más crecía también lo hacían los problemas y más sufrían; pequeños problemas que fueron mutando hasta que mamá decidió partir, y papá no volvió a ser el mismo de siempre. Él nunca me culpó pero el hecho de que ella tomara su propia vida estaba relacionado con mi caos. Me alejé y luego supe que papá había muerto al regresar a su nación, ni siquiera pude despedirme. No me quedaba más que crear mi propio camino mientras estaba perdida y desquiciada, alejando a los buenos y encariñándome con el diablo pero ahí fue donde mi Ángel apareció.

Siempre le gustó estudiar y a mí en lo absoluto, por eso más de una vez entorpecí sus importantes sesiones de estudio llegando ebria a su casa; ocasiones donde él lograba darme asilo aunque sus padres se negaran a alcahuetear a una adicta que podría cambiar al galán ejemplar que tanto cuidaban, no obstante, nunca fue así y ni siquiera lo intenté. Cuando se independizó me invitó a vivir con él pero lo rechacé porque era muy bueno para mí, sin embargo, a veces aparecía de la nada en su cama mientras él estaba desmayado sobre su escritorio.

Nunca me humilló y antes de que fuéramos algo nunca intentó nada conmigo, siempre fue claro con sus intenciones y eso era lo que más valoraba de él. Aunque no creía en el matrimonio, por él estaba dispuesta a estar sana e incluso cuidar de sus cachorros porque no planeaba maldecir a su descendencia con mis genes malignos. A veces desaparecía por semanas y cuando él mencionaba la idea de rehabilitarme me enojaba porque creía que era su deber aguantarme pero no lo era y no lo hizo. No me aguantó, me cuidó y por él empecé a distraerme en el teatro del que tanto hablaba con su círculo de intelectuales.

Cuando le conté que quería ser actriz movió cielo y tierra para que me dejaran audicionar, no lo hice tan mal y me dieron la oportunidad de hacer algo por mis propios méritos. Mientras él trabajaba, yo ensayaba; y entre obra y obra me iba haciendo espacio en la "escena" pero tantos privilegios me hicieron tocar fondo. Me olvidé de todos, no regresé al teatro y le terminé aunque continúo al pendiente de mi situación.

Cuando abrí los ojos era tarde y no veía luz en ninguna opción pero mi Ángel lo intentó todo; cuidarme, cancelar sus reuniones, acogerme en su morada, cuidar de mí en todo el sentido literal hasta que decidí que ninguno merecía esto y le rogué que me ayudara a rehabilitarme. Lloró a mi lado mientras me repetía que no era una decepción, que me amaba. Me dejó en las puertas de aquel hospital pero nunca se olvidó de mí.

Los doctores no hicieron más que confirmar mi infierno mental y aunque sabía que era tratable imaginé que no iba a durar. Cuando iba a visitarme le sonreía y le contaba de mis tratamientos pero nunca de mis preocupaciones, de lo mal que estaba, que después de tanto necesitaría volver a nacer para recuperarme. Después de mi salida nos unimos más, y gracias a sus dotes periodísticos así como permitirse mentir por mí me salvé del escándalo que me esperaba. Al regresar dije que había visitado la tierra natal de mis padres para encontrarme con mi abuela y descansar de la gira de la obra, nadie dudó de mi palabra.

Esas últimas semanas fueron cruciales, el amor de Engel no me bastaba y luché por días hasta que aprendí a ocultar mis adicciones regresando a mi casa con la excusa de que si no confiaba en mí no iba a poder progresar. Luego de la presentación, solíamos cenar juntos y él me dejaba en la puerta de mi casa. Después de fingir que entraba, iba a buscar a mis antiguos contactos porque las drogas prescritas no eran suficiente, sentía todo el placer para dormir hasta que él saliera de trabajar y pasara por mi casa para invitarme a almorzar. Cuando era notable mi estado le decía que solamente era la obra y que al terminar las presentaciones me recuperaría y me creyó porque de verdad cree que todos merecemos una segunda oportunidad.

Después de verlo por última vez fui a ensayar y el director estaba encantado con el rumbo que estábamos tomando  Esperé a que todos se fueran para quedarme en el camerino con la excusa de seguir estudiando el guión y nadie sospechó en absoluto. Había tomado mi medicación frente a él con la intención de que no se preocupara pero de nada sirvió.

Mi cerebro empezó a llenarse de pensamientos tan fugaces pero hirientes que no podía coordinar alguna idea coherente. Me tomé una copa del vino que estaba en el mini freezer, luego me serví otra y otra hasta que se terminó. Al ver que había empeorado todo, la estrellé contra el suelo y quedé asombrada con la calidad en la que se hizo añicos. Decidí dormir sobre el sillón mientras esperaba que llegara el resto de mis compañeros y cuando empezaron a preguntar por mí me negué a salir. Discutimos en la puerta en varias ocasiones hasta que decidí cerrar, después de todo tenía una suplente para algo. Grité que quería paz y la encontré con mis viejas amigas: la goma y la jeringa.
No tenía idea de lo que me habían conseguido la noche anterior, pero lo había reservado para un momento especial y era ese. Después del leve pinchazo me puse mi bata y me senté en la pequeña silla que estaba frente a la puerta. Luego lo escuché llamar pero me negaba a salir para no herir más sus sentimientos. En ese momento se abrió la puerta, y una mujer rubia de estatura promedio entró al camerino, casi no la reconocía; era mi madre. Corrí a sus brazos, era tan cálida como siempre y lucía más hermosa que nunca. Me abrazó y me dijo que nada había sido mi culpa y que para reconciliarnos tenía que acompañarla, no sabía lo que significaba pero si eso implicaba libertad y paz la iba a acompañar.

Tomé mi pequeña libreta y un bolígrafo, le escribí una pequeña nota para que no se preocupara por mí. Rompí la hoja y la dejé en la mesa para que él pudiera verla. Sentí las manos de mi madre sobre mis hombros y escuché un suave "apresúrate".

No me iba a preocupar más, mi madre me había perdonado y sabía que él también lo haría. La seguí hasta la puerta y salimos de allí aunque por un momento todo fue oscuridad. Luego se hizo la luz, mi padre estaba allí, ahora se tomaban de las manos, ya era momento de volver a ser felices. "Perdónenme", les dije mientra corría a sus brazos, aquellos que habían hecho todo por cuidarme al final triunfaron. Ahora sólo tendría que soñar con mi Ángel para volver a amar.

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