Eleanor

-La vida es vida y la muerte es muerte.
-Me preocupa que ahora prefieras leer a Coelho.
-Al menos no estoy todo el día fingiendo que entiendo a Nietzsche. Sonrió.
-No lo entiendo y tú no lees a Coelho, perdona la ofensa.
-Tu mundo intelectual a veces no te deja ver más allá de los demás aunque a veces creo que eres más de lo que aparentas.
-Tus emociones no te dejan entender al resto.
-Nadie es perfecto y tampoco lo intento, ahí es donde quiero llegar, lo que quiero que entiendas; no funcionamos. Voy tarde al ensayo pero al menos espero verte en la obra porque no te estoy dejando pero sí te invito a reflexionar.

Se fue después de pronunciar estas palabra pero antes rozó mis labios rápidamente. A veces no la entiendo, no logro ver qué es lo que quiere de mí, por qué logra dominarme a su placer. Permanecí sentado tanto tiempo en aquella pequeña plaza que no me percaté del chubasco que me empapaba.

Corrí directamente a mi casa y dejando mis zapatos sobre el tapete fui desvistiendome poco a poco mientras pensaba en si debería ir a verla o no, en si merecía mi tiempo o si debería dejarla de una vez por todas. El masoquismo hizo de las suyas y después de darme una cálida ducha busqué algo no tan formal y me vestí sin dejarme llevar por la prisa. Antes de salí tomé mi bolso con mi cámara y me coloqué mi carnet de prensa, tomé mis llaves y después de cerrar llamé al ascensor.

Una vez en la calle me percaté que aunque no llovía el clima no había mejorado mucho y sería una buena idea llevar un paraguas conmigo pero no regresaría al edificio, ya iba de camino con mi gabardina y esperaba que con eso fuese suficiente.

Mientras caminaba pensaba en ella, en las ventajas de quererla, amarla, pero su popularidad me afectaba, después de todo ella -como todos- quería reconocimiento pero la diferencia estaba en que a ella le gustaba su fama y a mí me aterraba perderla. Recordaba todos aquellas noches en las que hablábamos de lo mucho que le gustaba ver reality shows para burlarse y en que debería dejar de ser tan serio y ver algo además de cosas de pseudointelectuales, amaba usar ese término para burlarse de mí también. Recordaba cuando viajando en mi motocicleta llegamos al concierto de su banda favorita y la vi llorar de felicidad mientras bromeaba con que si fuera más famosa ya hubiera intentado meterse en la cama con el vocalista pensando que yo me molestaría pero solamente consiguió un "yo también" que la llenó de sorpresa y una risita nerviosa.

Nuestra historia no es perfecta y ambos lo sabemos. Estuvimos en los momentos más tóxicos del otro pero eso nos fortaleció. A veces me cuesta comunicarme con la realidad pero ella me pone los pies sobre la tierra, tal como lo hice con ella. Más de una vez la tomé entre mis brazos y la saqué de su propia emesis, a veces simplemente nos acostábamos en el césped para que se tranquilizara, para que tomara confianza. Hoy se cumple un mes desde que está limpia y ahora me trata de esta forma tan confusa pero prefiero su sinceridad a tener que estar juntos por obligación. La amo demasiado y siempre estaré cuando ella quiera pero sé respetar sus decisiones.

Al llegar a la sala vi que estaba a reventar; mi amada poco a poco lo estaba logrando y si debía perderla para que ella se encontrara con sus sueños iba a permitir que ocurriera. Llegué media hora antes y estaba bastante ansioso pero a la hora de empezar no se encendieron las luces ni se abrió el telón. Pasaron dos minutos y la gente empezó a protestar, el director salió y dijo que tenían un pequeño inconveniente pero que no tardarían en resolverlo. Pasaron cinco, luego siete y al final diez minutos cuando se encienden las luces y mi corazón se encoge por la emoción, conocía la obra pero verla siempre es un deleite.

Un jadeo colectivo llenó la sala cuando Ella no entró en escena sino su suplente, esto nunca ocurría algo debía estar pasando. Decidí salir de la sala y entrar a los camerinos, los encargados de seguridad pusieron resistencia hasta que se fijaron en mi carnet de prensa y me permitieron la entrada. El director me reconoció y su rostro se iluminó.

-Eres exactamente a quien necesitamos. Dijo después de estrechar mi mano.
-No entiendo, ¿dónde está Ella?
-Por eso te necesitamos, tenemos rato tratando de sacarla del camerino pero no podemos. Después de insistir por las buenas intentamos por las malas y cerró la puerta del camerino diciendo que quería paz. Hace unos dos minutos simplemente dejó de contestar y no hemos podido abrir la puerta.

Salí corriendo por las escaleras hasta la puerta que estaba marcada con su nombre y desesperado empecé a gritar su nombre; no había respuesta. Sus compañeros me miraban extrañados, no entendían mi angustia pero todo empezaba a tener sentido para mí. Pregunté porqué no habían intentado hacer algo más y buscar las llaves pero la respuesta fue simplemente "no se nos ocurrió". Estuve a punto de golpearlos por ser tan inútiles, pero al ver mi reacción uno de los asistentes salió en busca de las llaves mientras yo seguía tocando como loco sin obtener respuesta.

Cuando llega el joven arranqué las llaves de sus manos y abrí la puerta por mi cuenta. Esperaba lo peor, esperaba verla desmayada ahí pero no estaba, eso me preocupaba todavía más. En el piso había una botella partida y una jeringa con un bote de pastillas regadas. El corazón salió de mi pecho y quería saltar por mi boca, estaba en lo correcto y me sentía muy aturdido. Cuando escuché al director gritar mi nombre desesperadamente desde el otro extremo de la habitación volví a la realidad y lo alcancé.

La ventana estaba abierta y él miraba a través de ella. "No" susurré. Lo empujé y miré dos pisos más abajo; la sangre manchaba la calle y su bata color rosa, sus ojos verdes miraban a la nada y la gente empezaba a reunirse. Nadie hacía nada y sentí que alguien empujó mi cuerpo de regreso a la habitación; estaba a punto de saltar también. Me solté de las manos del asistente y bajé hasta la parte trasera del teatro.

Me abalancé sobre ella con intención de protegerla; la puse entre mis brazos y su calor me llenó de esperanza pero tan pronto como esto ocurrió toqué su cuello silencioso y ahí vi que todo estaba mal, ya no había rastros de ella. Su rubia cabellera ahora era roja y las lágrimas no dejaban de brotar de mis ojos al contrario de mis palabras que estaban estancadas en mi garganta. Puse su cabeza sobre mi pecho y por fin pude gritar por ayuda pero nadie hizo nada, no hubo ningún movimiento hasta que momentos después llegó el director gritando cosas a su celular.

Después de eso no recuerdo nada más que la presión en mi cabeza y a una de sus compañeras de elenco apartándome de Ella mientras los paramédicos que acababan de llegar empezaban a trabajar. Yo forcejeaba pero ahora eran todos contra mí. Lo último que vi fue a uno de los paramédicos viniendo para decirme "lo siento" mientras me dormía con una jeringa diabólica, estaba cansado de ellas.

No pensé que aquella crítica-convocatoria sería lo último que recibiría de su parte. Nadie se imaginó que rechazaría hablar en su funeral, que ni siquiera me acercaría a su ataúd, que me sentaría en una esquina con la mirada perdida mientras desconocidos me hablaban sin que respondiera. Nunca pensé que lo que estaba tan bien a su vez estaba tan mal. Debí observarla más, ayudarla más, quererla más, cuidarla con respeto y no asfixiarla tanto. Preguntarle cómo estaba, textearle más en las mañanas, hacerla sentir más querida que deseada.

Días después un par de policías tocaron a mi puerta y después de contarles todo lo que sabía uno de ellos sacó una pequeña bolsa de su bolsillo y me la entregó. "No queríamos su declaración porque esto lo mantiene todo claro, pero debíamos entregárselo debido a que tiene su nombre". Estrechamos nuestras manos y salieron. Suspiré y me senté en el sofá para después abrir la bolsa transparente que contenía un pequeño papel manchado que efectivamente estaba marcado con mi nombre escrito con su hermosa y delicada letra. Respiré profundo y empecé a leer:

Creí haberlo superado, lo vi en otras personas y ahora está en mí, espero que no te ocurra a ti. No quiero dramas aunque sé lo que voy a hacer. Sigue adelante y no te dejes vencer porque mi amor por ti puede derrotar las barreras de lo terrenal. Nunca conocí a nadie como tú, mi Ángel Entumecido. Espero volverte a ver pero no lo apresures porque con esa carga no voy a poder. Estaré bien y tú mejor porque ya hice todo lo que podía. Te amo.
-Eleanor

Mi corazón y mi respiración se detuvieron y mis lágrimas corrieron hasta que me quedé dormido. Soñé con ella, la vi una última vez; me ofreció su mano y la tomé mientras sonreíamos. Estaba hermosa y elegante, todavía más que antes; su cabello era rubio como antes, su piel blanca brillaba como la porcelana y sus ojos verdes eran tan profundos y bellos como cualquier bosque sin explorar. Colocó su mano en mi pecho y la tomé para besarla, después caminamos por un pequeño sendero otoñal. Caminamos juntos por última vez, la abracé por última vez, la besé por última vez. Se despidió de mí pero sé que la próxima vez que duerma la volveré a ver.

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