Atmósfera
La separación es un proceso normal, natural, transitorio y del que te puedes recuperar. Te separas de tu pareja, amigos, familiares e incluso mascotas pero cuando te separas de ti mismo no hay salida viable hundida en el aislamiento.
En mi mente hay un valle; estoy en medio de él pero nada es agradable y lo que es peor, no se siente real. Todo está oscuro y muerto; las plantas están secas, hay huesos por doquier y el suelo es movedizo ante mis pisadas; cada vez que intento avanzar no puedo porque me hundo más. Tengo tanto tiempo de pie en el mismo punto que empecé a adormecerme y ahora no siento nada. No me he hundido más, claramente ¿pero a qué precio? estoy cansada y mi vista me engaña; veo las hojas secas pero no parecen reales, ésta se nubla cada vez más y con mi visión se va mi sanidad. Mientras más oscurece lo único que veo son sombras que me rondan, me asustan y se burlan de mi sensibilidad y son el único ápice de sentido al que estoy aferrada.
Tanto tiempo inmóvil me ha hecho olvidar cómo mover mi cuerpo; me parece extraño que sea real y pueda hacerlo, que con pensarlo pudiera sacar mis pies del suelo pero el intentarlo es una sentencia mayor en mi contra. Me maravillo cuando pienso en que puedo pensar en mover mis dedos y que ellos cumplen la orden pero a veces me agobio e intento avanzar aunque me reste superficie y mi cuerpo simplemente no responde. Mis dedos, manos, brazos, piernas y hasta labios; ya no encuentro la manera de siquiera sentirlos.
La decisión de hundirme o perder contacto con mi entorno y mi propio ser es abrumadora. Quisiera seguir adelante pero no quiero tocar fondo, retroceder tampoco es una opción y la absorción de mis pensamientos es absurda y me hace creer que la mejor decisión que puedo tomar es recluirme en la eternidad de mi mente sin evolucionar. Estar de pie y pensar en que no reconocerse es más seguro que ahogarse, que el aplanamiento afectivo es más seguro que sentir de nuevo.
A veces extraño aquel tramo de camino anterior a este pequeño valle; no era de colores muy vivos y menos cálido pero era fresco, similar al otoño. Avanzaba lentamente y disfrutaba de poder tomar aire fresco y salir en medio de aquel clima en el que nada me perturbaba. A veces veía sombras pero al menos sí transitaban otras personas conmigo pero cada uno aceptó su camino y el que me fue asignado no fue muy justo conmigo.
Al inicio avanzaba pero con el tiempo la pesadez empezaba a calar en mí; me hizo pensar que eran las dificultades comunes que hay que enfrentar pero no las percibo así, no es nada más que un estancamiento. Lo único que avanza en este lugar es mi miedo de quedarme aquí; no volver a amar o a sentir en general. No observo futuro aunque todavía veo camino y aunque sé que ya he recorrido demasiado, no recuerdo gran parte del antiguo tramo. No quiero asumir esta posición pero es lo que tengo; adormecerme hasta que vuelva a amanecer para ver si logro encontrar alguna alternativa a la apatía eterna.
En mi mente hay un valle; estoy en medio de él pero nada es agradable y lo que es peor, no se siente real. Todo está oscuro y muerto; las plantas están secas, hay huesos por doquier y el suelo es movedizo ante mis pisadas; cada vez que intento avanzar no puedo porque me hundo más. Tengo tanto tiempo de pie en el mismo punto que empecé a adormecerme y ahora no siento nada. No me he hundido más, claramente ¿pero a qué precio? estoy cansada y mi vista me engaña; veo las hojas secas pero no parecen reales, ésta se nubla cada vez más y con mi visión se va mi sanidad. Mientras más oscurece lo único que veo son sombras que me rondan, me asustan y se burlan de mi sensibilidad y son el único ápice de sentido al que estoy aferrada.
Tanto tiempo inmóvil me ha hecho olvidar cómo mover mi cuerpo; me parece extraño que sea real y pueda hacerlo, que con pensarlo pudiera sacar mis pies del suelo pero el intentarlo es una sentencia mayor en mi contra. Me maravillo cuando pienso en que puedo pensar en mover mis dedos y que ellos cumplen la orden pero a veces me agobio e intento avanzar aunque me reste superficie y mi cuerpo simplemente no responde. Mis dedos, manos, brazos, piernas y hasta labios; ya no encuentro la manera de siquiera sentirlos.
La decisión de hundirme o perder contacto con mi entorno y mi propio ser es abrumadora. Quisiera seguir adelante pero no quiero tocar fondo, retroceder tampoco es una opción y la absorción de mis pensamientos es absurda y me hace creer que la mejor decisión que puedo tomar es recluirme en la eternidad de mi mente sin evolucionar. Estar de pie y pensar en que no reconocerse es más seguro que ahogarse, que el aplanamiento afectivo es más seguro que sentir de nuevo.
A veces extraño aquel tramo de camino anterior a este pequeño valle; no era de colores muy vivos y menos cálido pero era fresco, similar al otoño. Avanzaba lentamente y disfrutaba de poder tomar aire fresco y salir en medio de aquel clima en el que nada me perturbaba. A veces veía sombras pero al menos sí transitaban otras personas conmigo pero cada uno aceptó su camino y el que me fue asignado no fue muy justo conmigo.
Al inicio avanzaba pero con el tiempo la pesadez empezaba a calar en mí; me hizo pensar que eran las dificultades comunes que hay que enfrentar pero no las percibo así, no es nada más que un estancamiento. Lo único que avanza en este lugar es mi miedo de quedarme aquí; no volver a amar o a sentir en general. No observo futuro aunque todavía veo camino y aunque sé que ya he recorrido demasiado, no recuerdo gran parte del antiguo tramo. No quiero asumir esta posición pero es lo que tengo; adormecerme hasta que vuelva a amanecer para ver si logro encontrar alguna alternativa a la apatía eterna.
Comentarios
Publicar un comentario