Permanecer, conectar

Hay algo en mi interior que intenta hacer contacto, intenta hacerme reaccionar pero solamente logra cosquillear, no logro despertar. 

Mi entorno es algo extraño, no entiendo qué pasa porque pongo mi esfuerzo y a pesar de ello aquella conexión no se da, pierdo todo al final. Es difícil verse sumido en la soledad porque no entiendes qué hacer o no quieres molestar.

Veo que cada trozo de mi alma empieza a desaparecer porque, aunque es imposible, siento cierta ligereza, no hay nada dentro manejándome. Cada sección de mi cerebro que pertenece a algún interés se va deshaciendo, la de mis relaciones tiene un circuito y la de las emociones está clausurada. La fuente de energía no decide cuál es su nivel de poder y la de la realidad tiene madera clavada en su entrada.

Por muy cliché que suene, sí, estoy rota pero eso no es culpa del resto. Sigo aprendiendo cómo cuidarme sola e intento tratar bien a los demás pero no los entiendo. Simplemente no los entiendo; ellos ven tu preocupación como intensidad y cuando pierdes el interés ya no les pareces humano porque intentar tener sentimientos y emociones solamente es correcto si es para su beneficio. Creer que no quieres a nadie es una bondad y no sentir nada es fortaleza porque no entienden lo valioso que es el amor a quien sea y no saben lo que es no poder sentir tu propia realidad; se creen enfermedades hasta que tocan al enfermo que creen mortal y ni oportunidad de demostrar valía dan.

Digo que no he experimentado el romance y así es (o no recíprocamente), pero no dependo de él para decir que he llegado a amar porque todavía hay personas en mi vida que me recuerdan que amar es más que pasear de la mano y uno que otro beso ocasional; es apoyo y valor, paciencia y tolerancia.

Aunque no he vuelto a sentirme feliz, alegre o realmente emocionada, todavía queda un impulso en mí; queda combustible y poco a poco he ido aprendiendo a tomar el control aunque todavía no me sé manejar. La melancolía es lo que me hace sentir viva, es el motor que me encamina.

Creer que no sentir es genial solamente lo pensaría alguien que no tiene idea de lo que pide, de lo que es marchitarte antes de florecer. Somos humanos y dicen que lo que nos diferencia de otros seres es que somos racionales, pero para mí, más importante que ese tan alabado raciocinio que suele ir ligado a lo intelectual, es la emoción y el sentimiento porque sin ellos no existiría nada bello. No importa la emoción o sentimiento, porque ellos emanan alguna idea que termina marcando la historia. Desde que estos se agotaron (como mi ser en general) mis sueños también se dispersaron, pero todavía estoy luchando porque me niego a dejarme quitar lo que tanto quiero y porque aunque no lloro, ni siento, sí amo y mi deseo vigente es felicidad para todos; que no dejen de ser, disfrutar, llorar y amar porque ahí sí consideraría que nos han dominado las maquinas; pero no las creadas por nuestra especie, las que llevamos resguardadas entre aquel casco, en la cabeza.

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